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28 febrero 2008

¡Qué no se diga!

5 de la mañana. Me despierto empapado en sudor. Giro la cabeza y un latigazo de dolor sacude mi cuerpo. Tengo el cuello como una piedra y apenas soy capaz de moverme. Cada vez que intento levantarme de la cama, siento una pinchazo que me agarrota y me bloquea...

El día pasa lentamente. Me duele tanto que casi no puedo ni comer. Desesperación, angustia y una sensación de enorme impotencia se apoderan de mí. Ni jugar al Pro, mi eterna vía de escape, me ayuda a levantar el ánimo. Tocado y hundido.

Pero mi cuerpo ha aprendido a sufrir. No se rinde. 8 horas de sueño, una manta electrica enrollada en el cuello y un par de pastillas. El tratamiento surte efecto. Me voy recuperando. No estoy al cien por cien, pero ya no soy una estatua andante. Y encima llega una carta que me dice: Calificación 5,8. ¡¡He aprobado!! El primero de mi segunda carrera. Parece que al final, pero muy al final, tanto esfuerzo merece la pena. Seguimos luchando. Qué no se diga.

Y si al día le ponemos como banda sonora una deliciosa canción como esta, no hay dolor que pueda amargarme...


Delco - So out of tune

27 noviembre 2007

Gasolina sin plomo

Jqn lleva muy mal lo de cumplir años. Cada 25 de noviembre apagaba el móvil, se despedía del mundo y digería a solas la angustia de sentirse un año más viejo. Los amigos pesados, para fastidiar, le enviábamos mensajes el día de antes y el de después y él, con su innata capacidad de aguante, se lo tomaba con filosofía y regresaba a la rutina diaria como si nada hubiera pasado, ni siquiera el dichoso cumpleaños.

01:30 de la madrugada del domingo 25. Dos coches se detienen en una gasolinera cercana a la localidad de Guadarrama. Las ocho personas que forman el peculiar grupo se acercan a la pequeña tienda y una amable señorita les indica que a esas horas sólo se atiende al público a través de un ventanuco, por motivos de seguridad. No hay problema, salvo que esas personas no quieren gasolina, sino cenar...porque a esas horas ya no hay ningún restaurante abierto.

23:30 horas del sábado 24. Un grupo de gospel trata de ganarse al público que llena un coqueto teatro de Cercedilla a pesar de los problemas técnicos. Entre los espectadores se encuentran jqn, jc77 y otras seis personas más. Este último disfruta del sabor de una colonia mientras contempla el espectáculo sin tener en cuenta que la suma de alcohol más estomago vacío tiene un efecto inmediato. En apenas una hora pasa de la euforia al sueño y finalmente a la resaca.

La encargada de la gasolinera mira a los ojos de los miembros del variopinto grupo y decide que no hay nada peligroso en ellos. Les abre la puerta y los ocho comensales disfrutan de un menú compuesto de pizza, patatas fritas y refrescos. Entonces, alguien sale del local y regresa al poco con una tarta de chocolate. Sí, además de para saciar el apetito, esa cena sirve para celebrar un cumpleaños. Jc77, ya de resaca, piensa: Esto es surrealista…

Y de vuelta a casa suena una gran canción que cierra una peculiar gran noche. Tampoco es tan malo cumplir años... FELICIDADES AMIGO.


Counting Crows - Mr. Jones

Dedicado a jqn ( Y van dos, no te quejarás)

31 agosto 2007

Filosofía barata, colonias y un viaje a New York

(Este post debió ser publicado el lunes 27 de agosto, pero sin conexión a Internet sólo pudo ser escrito en un triste documento de word)

-La vida son momentos y no tener cuatro o cinco euros más en el bolsillo-, dijo el filósofo de tres al cuarto que llevo dentro. Sería el efecto de las tres 'colonias' (alguien me dijo que la ginebra sabía a a colonia y yo quise probarlo...) que me había tomado o que la compañía -jqn y V- era más que agradable o que era una noche sin agobios y sin malos humos (las fiestas de los pueblos dejan vacíos los bares de la ciudad)... pero aquella frase me salió del corazón. Lo pensaba entonces y lo sigo pensando ahora, 48 horas después. Al oir aquella afirmación jqn me miró extrañado y dijo: -Tienes razón-.

Suele pasar en las noches tranquilas de verano, con el alcohol justo y la consecuente exaltación de la amistad. Las palabras fluyen con rapidez y los recuerdos se agolpan en la cabeza. Alguien cita el nombre de una mujer y entonces vuelve a tomar cuerpo aquella historia, cuando jqn se acercó a esa morena que destacaba entre la multitud. La táctica, por una vez, fue la correcta, sencilla pero con un punto de originalidad. Fingió ser un relaciones públicas del local y simuló que estaba haciendo una encuesta entre las personas allí presentes... No sé muy bien como lo hizo, pero consiguió su número de teléfono.

Con la morena tuvo una relación corta, pero supongo que intensa...Recuerdo otra noche en la que para que jqn pudiera hablar tranquilamente con ella tuve yo que "ocuparme" de su amiga. Hablaba tanto que a los diez minutos ya sólo asentía con la cabeza mientras mi mente viajaba en otra dirección. Cuando comprobé que jqn tenía el asunto controlado, le dije a la amiga-parlona:

-Se está haciendo tarde-
-¿Te vas a ir ya?-
-¡Pues sí!-
Fue una respuesta contundente y ella me lanzó una mirada desafiante. Demasiado bla, bla, bla...

En fin, que jqn y la morena tontearon durante unas semanas hasta que ella se fue a vivir a Nueva York.

La otra noche volvió a surgir el nombre de la morena, jqn suspiró y yo, utópico como siempre, le dije:

-Vete a Nueva York un fin de semana. Quedas con ella y disfrutas del momento-
-Es que no estoy para muchos gastos ahora mismo
- contestó él.

Y fue entonces cuando solté mi frase de filosofía barata.

Al llegar a casa recordé una canción de Ryan Adams, busqué el mp3, pero resulta que no lo tenía en casa. Pensaba completar aquella noche divertida y sencilla escuchando ese tema y me quedé con las ganas. Hoy, por fin, puedo escucharlo y disfrutar de ese momento, aunque con retraso claro.



DEDICADO A JQN

13 agosto 2007

Anécdota masiva

Fueron apenas cinco segundos. Al principio pensé que estaba soñando, pero cuando abrí los ojos aún me dio tiempo a certificar que no era, precisamente, una pesadilla lo que estaba moviendo mi cama. De la impresión pegué un salto y me puse en pie. Entonces regresó la calma y me inundó una tremenda sensación de desconcierto.

Cuando pude juntar un par de neuronas, lo primero que me vino a la cabeza fue que se había producido un terremoto en algún lugar más o menos lejano y que su onda expansiva había pasado por debajo de mi edificio. En ese momento, entró mi madre en mi cuarto:

- ¿Jc77 no has notado que la cama se movía?
-Sí, de hecho me he levantado corriendo de la cama…
- ¿Qué habrá sido?
- Imagino que la onda expansiva de algún terremoto.
- ¡Qué raro!


Mi madre no debió quedarse muy convencida con mi explicación, porque rápidamente inició una ronda de llamadas a familiares y amigos para preguntarles si habían sentido el temblor. Mientras tanto, yo encendí la radio y casi al instante la locutora dijo:

-Nos acaban de confirmar que el epicentro del terremoto se ha situado en la provincia de Ciudad Real (a unos 350 kilómetros de mi casa) y que su magnitud es 4,7 (después se confirmaría que era de 5,1) en la Escala de Richter.

Sismografo

Al oírlo volví a incorporarme de la cama con intención de ir a contárselo a mi madre pero ella entró en la habitación antes de que yo pudiera dar el primer paso:

- Me ha dicho una vecina que acaba de oír en la radio que ha sido un terremoto.

Pues sí, había sido un terremoto. Ya tengo una anécdota más que contar…lástima que tenga que compartirla con otros varios cientos de miles de ciudadanos.

03 mayo 2006

El dulce sabor de la victoria

El lunes llegó la primera victoria de ese gran equipo llamado KM. Sí, en una Liga de Aficionados y, sí, en un partido en el que el rival no estaba precisamente en plenas facultades…pero llegó y eso, tras casi 30 jornadas de torneo y muchos sinsabores, era lo importante. Y yo pensaba dedicarle un pedazo de mi blog a este singular triunfo de un grupo de amigos que intentan ser futbolistas y que, aunque no lo consiguen, siempre mantienen una sonrisa que no se borra de sus caras ni tras perder 13-2 o 11-1… Y eso, aunque no lo crean, tiene su mérito.

Sin embargo, antes de ponerme a teclear decidí dar una vuelta por mi bitácora favorita ‘Faro de Estrapía’ y allí, Faro, componente del insigne KMy autor de uno de los goles de ese histórico primer triunfo, ya había contado los pormenores de la victoria. En su post, además, se “atrevía” a recordar viejos tiempos y a contar los inicios de una entrañable relación entre dos amigos. Y mientras leía y sonreía, decidí que esta página de mi diario se iba a dedicar a un triunfo aún más grande que la primera victoria del KM.

Verano de 2003. Mi vida era un torbellino digno del gran inmaduro que era. Laboralmente, apuraba mis últimas semanas en un trabajo que pudo ser mucho y se quedó en nada y, personalmente, mi corazón era una gran tormenta emocional en la que lo único claro es que nada estaba claro. Fue entonces, en aquel momento de inestabilidad, cuando conocí a una de esas personas que te enganchan a primera vista y que con el paso del tiempo se convierten en indispensables aunque estén lejos o apenas puedas verlas.

De Faro, nada más conocerle, me sorprendió su voz y su aparente timidez. Y sí, tengo que reconocer que me cayó bien desde el principio. Me pareció eso que todos conocemos por ‘buena gente’. Y desde luego no me equivoqué. Con el paso de los días comprobé que aquel chico tímido tenía todas las condiciones necesarias para llegar lejos. Además de su voz, destacaba de él su intachable actitud, su predisposición, su valentía y su capacidad para reconocer sus errores y para dejarse enseñar sin sentirse infravalorado. Si a todo ello sumamos que había algo en él que me recordaba a mí con seis años menos, pues entonces quizá se pueda entender que me empeñé en que Faro se sentase delante del micro casi a diario para que perdiese el miedo y sacase a flote todo el potencial que llevaba dentro.

Así, de forma natural, entre magazines, informativos, charlas sobre fútbol y mujeres, algunas recomendaciones musicales… fue creciendo una relación que traspaso el ámbito profesional para convertirse en el principio de una buena amistad. Justo entonces, mi jefe decidió darme un portazo en las narices. No sólo no aceptó mis condiciones de renovación sino que me obligó a irme antes de tiempo sin darme la posibilidad de despedirme de mis compañeros de trabajo y de los que desinteresadamente habían colaborado en aquel proyecto. Las causas son ya parte del pasado y prefiero ni recordarlas, pero cuando mi rabia alcanzaba su mayor grado recibí este mensaje de texto en el móvil que aún conservo y conservaré:

“Nos quedamos decepcionados y chafados. Nadie lo entiende. Por nuestra parte ha sido un placer trabajar y aprender contigo. Suerte”

El mensaje lo firmaba Faro. Ya no recuerdo si se lo agradecí como debí hacerlo, pero sé que se lo sigo agradeciendo cada vez que vuelvo a leerlo. Fue uno de los mensajes más sinceros y entrañables que he recibido en mi vida.

Un año y medio después, cuando nuestra relación se reducía a algunos sms esporádicos por culpa del tiempo y la distancia, un nuevo proyecto profesional volvió a unirnos. Largas charlas en las que el ciclismo era la excusa perfecta para tomarnos una coca-cola e intentar comprender a las mujeres que nos traían de cabeza o para analizar la última jornada del Grupo VIII de Tercera División o para empezar a hablar de lo que sería el KM nos acercaron de nuevo... Yo, por aquel entonces, atravesaba, sin duda el peor momento de mi vida y aquellos encuentros semanales me servían para olvidar mis problemas y tomar un poco de aire para afrontar el día a día.

De repente, un golpe de suerte me puso delante a la mujer de mi vida y el color negro empezó a aclararse. Además, el proyecto en el que nos habíamos embarcado Faro y yo se cerró con éxito y a él le salió un curro decente en su tierra y a mí otro bastante digno en un lugar de La Mancha… Este despegue coincidió, sin embargo, con un duro momento para Faro. Sé que no soy unos de sus amigos de toda la vida y que en instantes como ése nada sirve de consuelo, pero al conocer la noticia algo se me apagó dentro del corazón y deseé que aquellas charlas semanales no hubieran terminado para haberle podido devolver el apoyo y el ánimo que él siempre me había brindado.

Y entonces, mientras Faro recuperaba el aliento con una entereza encomiable, surgió ese pseudo equipo de fútbol llamado KM. Otra vez juntos, pero esta vez con un balón como excusa. Y el destino, que no siempre es tan cabrón como parece, quiso que la primera victoria llegara tras decenas de derrotas y cientos de goles encajados un 1 de mayo de 2006; un día que Faro y yo compartíamos fatigas sobre el campo y, encima, con un gol suyo. Aunque nos costó creer que aquel intento de control había acabado en gol, creo que fui el primero en lanzarme sobre él a celebrarlo...


Cena
Cenando con el Komando

Al día siguiente (ayer) me senté delante del ordenador con la intención de contar nuestra proeza en el diario del hombre perplejo que soy, pero antes de hacerlo me di una vuelta por Faro de Estrapía para inspirarme. Al leer su última actualización, se me saltaron las lágrimas (sensible que es uno) y comprendí que había una victoria más importante que debía contar, la del partido que comenzó a jugarse en aquel verano de 2003, la de un encuentro que aún no ha terminado ni terminará pero en el que el marcador es ya inamovible. El Nº14 ha vuelto a ganar y esta vez por goleada. Faro tiene la culpa.

31 marzo 2006

"Caminando que es gerundio"

Desde que me vine a vivir a Madrid he recuperado el placer que supone ir a casi todos los sitios andando. ¡Qué curiosa paradoja! He tenido que dar con mis huesos en una ciudad enorme para volver a sentir que mis piernas son el mejor medio de transporte. Y que lo diga un segoviano como yo (acostumbrado a coger el coche hasta para ir a comprar el pan) suena aún más raro, pero es así. Voy al trabajo caminando; cuando quedo con alguien o tengo que ir a comprar cualquier cosa siempre, antes de subirme al metro o al autobús, valoro la posibilidad de coger el ‘Coche de San Fernando’ y si la distancia no es excesiva me echo a la calle aunque tenga que caminar durante una hora.

Y es que caminar por Madrid tiene algo…no sabría decir que, pero lo tiene. Es una urbe tan enigmática y poderosa que me permite experimentar sensaciones diferentes con cada paso que doy. En ella nadie es extraño ni diferente, pero, a la vez, rodeado de cientos de personas, se puede llegar a sentir la soledad de forma intensa. Y al caminar, al cruzar furtivamente la mirada con el resto de peatones a los que debes esquivar con habilidad para no ser castigado con tarjeta amarilla, se descubre que el mundo, al fin y al cabo, no es más que la suma de lo que somos cada uno de nosotros.

granvia

Ayer, cuando caminaba por una atestada Gran Vía intenté fijarme disimuladamente en la gente que pasaba junto a mí, algo bastante difícil para un miope como yo que tiene que guiñar casi los ojos para enfocar bien… Fue tan extensa la variedad de personas con las que me crucé que conseguí desprenderme de todos mis complejos y caminar por la gran ciudad como un madrileño (adoptivo, en mi caso) más. Allí, haciéndome hueco entre personas de toda raza, clase social y condición, me sentí libre y orgulloso de ser un hombre perplejo que aún tiene capacidad de asombrarse y emocionarse con escenas cotidianas… Y pensé, ¡Ojala nadie fuera capaz de hacer saltar la chispa que provoca el incendio de las discusiones, la envidia, la intolerancia…! Entonces, un par de coches de policía pasaron a toda velocidad y rompieron la magia del momento con sus ruidosas sirenas y esas caras que me transmitían amabilidad empezaron a parecerme, en algunos casos, hasta hostiles… Así es la capital.

Pero pese su ruido ensordecedor, su tráfico agobiante, su contaminación, sus zanjas…pese a todo, Madrid es una ciudad que me gusta. No la cambio por mi coqueta Segovia y seguramente no la elegiría como mi lugar ideal para vivir, pero esa magia que he descubierto a base de zancadas se ha hecho un hueco en mi corazón. Así que, como dice mi abuelo, cuando me pregunten que como voy a ir tal sitio u otro, mientras pueda, diré: “Caminando que es gerundio”.