"La libertad no hace felices a los hombres, los hace sencillamente hombres", Manuel Azaña.
30 octubre 2007
Recuerdos inesperados
Ocurrió hace unos días mientras revolvía entre una pila de libros que aún no han encontrado sitio en la estantería. Allí estaba uno de mis favoritos, 'Todos los sueños del mundo', de Javier Reverte. Al verlo con las pastas tan bien cuidadas recordé rápidamente que aquel no era el libro original que adquirí casi por casualidad, sino uno que me regaló R. por mi cumpleaños. Realmente era un 're-regalo', si puede llamarse así, porque el original se lo había regalado yo a ella en otro momento. En el nuevo, el mío, el que recibí por correo una tarde de octubre, cuando ya no compartíamos ciudad, venía con una dedicatoria que volví a leer después de unos cuantos años:
"Para que como Jaime Arbal, en el fondo nunca pierdas la esperanza de un futuro mejor. Gracias por los meses que me regalaste... Y recuerda una cosa... ¡Sonríe siempre!"
Al leer la última palabra una nube de polvo precedió a la reaparición del recuerdo. Allí estaban esos meses, recubiertos de una capa de tiempo y espacio considerable, pero en un perfecto estado de conservación. Fue una bofetada de tal calibre que tuve que cerrar el libro y tragar saliva.
22 octubre 2007
Treinta
Eso sí, para hacer inolvidable el día en el que avancé hacia la cuarta década, un cabestro en forma de portero de fútbol me arreó un codazo que me ha dejado el ojo como el de un boxeador después de un combate: párpado hinchado y moratón a juego. Más que por las secuelas físicas, el golpe me molesta por las consecuencias que arrastra: todo el mundo te pregunta qué te ha pasado y te dice “es que te estás haciendo viejo”. Es una broma fácil, que seguramente haría yo en sentido inverso también, pero no cabe duda de que tiene algo de razón…
Treinta es un bonito número, redondo y rotundo, con personalidad. Ha llegado el momento de recobrar el aliento, de marcarse nuevas metas, de seguir en la lucha, de, como decía el título de uno de mis blogs favoritos, continuar buscando el mundo feliz. La crisis de los 30 se abalanza sobre mí, pero yo no me rindo.
Mikel Erentxun - De espaldas a mí ("Treinta años sin un gramo de madurez")
19 octubre 2007
Cobardes de bata blanca
Los médicos cobardes se desenmascaran cuando se enfrentan a un paciente de "segunda categoría" con una enfermedad complicada: una persona con parálisis cerebral que sufre constantes infecciones de orina que a veces llegan hasta la sangre. Piensan que tienen muy poco que ganar y que no merece la pena arriesgarse por una persona que debería haber muerto, según sus miserables cálculos, hace 20 años. Si ahora una infección se complica y se la lleva por delante, "tendréis que haceros a la idea", nos dicen. Vale, nos quedamos con los brazos cruzados mientras vemos sufrir a un ser querido sólo porque a vosotros no os da la gana de hacer un diagnóstico, de cumplir con vuestro trabajo, de responder al grandilocuente juramento hipocrático.
Y no nos contéis milongas. Si el paciente fuera una persona de 26 años sin parálisis cerebral, os dejaríais la piel por buscar una solución. “Tiene toda la vida por delante”, diríais. Pero tenéis miedo de hacer pruebas a un ser humano (tan humano como cualquiera) que no sabéis como va a reaccionar, que ofrece múltiples complicaciones y que tiene una salud extremadamente frágil. Y aunque no hable ni camine, sonríe con tal naturalidad que demuestra que está más viva que todos vosotros. Pero sólo os importa vuestra reputación. Sois unos miserables.
Dedicado exclusivamente al grupo de médicos (¿?) del Hospital Río Ortega de Valladolid que no han querido ni siquiera tomarse la molestia de estudiar el caso de mi hermana.
10 octubre 2007
A ras de suelo
Sin embargo, hay veces que no queda más remedio que subirse a un avión. Y el viernes es una de esas ocasiones. Bruselas está demasiado lejos como para ir en coche y tampoco tenemos tantos días libres como para perder un par de ellos viajando. Y A. se merece este viaje, tiene que desconectar y olvidarse por unos días de tantas preocupaciones. Se merece que haga el esfuerzo de subirme a ese condenado chisme con alas…
Otra vez el nudo en el estomago y el corazón acelerado. Y no sólo hay que llegar, después hay que volver. Espero que, al menos, lo que queda entre medias merezca la pena. Seguro que sí.
Hasta la semana que viene!
Y para el que quiera ver como escribe un buen periodista, le dejo este enlace:
http://www.aviladigital.com/final.asp?id_seccion=18&id_noticia=61328&nl=yes
Y para ayudarme a digerir esto del avión me quedo con este divertido tema de Love of Lesbian:
Love of Lesbian - Me amo
04 octubre 2007
Hora 25
Formidable comunicador, periodista ejemplar, espejo en el que mirarme profesionalmente, voz privilegiada, altavoz de mis inquietudes políticas y sociales... Hoy la radio llora, hoy se va contigo un pequeño pedazo de mi vida.
Descanse en paz, Carlos Llamas.
30 septiembre 2007
In my place
Coldplay-In my place
17 septiembre 2007
Pese a todo... Glorious day
Glorious day, Embrace
11 septiembre 2007
Estados de ánimo
El sonido sordo de las campanas, marcando una hora indeterminada entre las 11 y las 12, alimenta el desasosiego. El calor aún sofocante de septiembre se mezcla con las tenues voces de quienes esperan el inicio del funeral. La mayoría esconde su dolor debajo de una tranquilidad irreal. La normalidad es sólo aparente. Los parpados hinchados, los abrazos y las condolencias no dejan lugar a las dudas: la ceremonia de la muerte está a punto de comenzar.
A., con su inmenso corazón a flor de piel, aguanta apenas un par de segundos sin soltar una lágrima. Después alguien le da el pésame y sus ojos vuelven a llorar. Se ha ido su abuelo. Una muesca más para un corazón que en apenas año y medio ha tenido que soportar tres muertes de personas cercanas.
La plaza del coqueto pueblo gaditano se va llenando de gente. A los familiares y amigos se suman un buen número de simples vecinos que quieren despedir a un hombre que llegó a ser alcalde de la localidad. Y desde un segundo plano, empequeñecido por mi propia timidez, observo lo que ocurre sin saber muy bien qué hacer. Apenas soy todavía un aspirante a familiar y es la primera vez que piso ese pueblo de casas blancas.
Durante 90 minutos el dolor marca las caras de la mayoría de los presentes. La ‘cultura de la muerte’ impone su ritmo. Palabras vacías, flores empalagosas y una ceremonia religiosa que retuerce y estira ese dolor hasta el límite de lo tolerable. Tengo un nudo en el estomago y la cara pálida. Los cementerios me anulan…
Unas cuantas horas después A. y yo entramos en una vieja nave reconvertida en un gran salón para celebraciones. Al abrir una pequeña puerta, una guapa novia nos mira y exclama con una sonrisa: -¡Os ha dado tiempo a llegar! Y acto seguido se lanza a por nosotros para agradecernos de corazón el esfuerzo para estar a su lado en un día tan especial. Poco a poco, el calor de la noche, las palabras de ánimo, el apoyo y la solidaridad de los amigos provocan que A. aparque su dolor en un rincón de su corazón. Vuelve a sonreír y esta vez sin esfuerzo. Cuando vuelva a estar sola aún derramará muchas lágrimas al recordar a su abuelo, pero durante la madrugada recupera esa mirada tan especial.
Otra vez vuelvo a situarme en un papel secundario. Allí también me siento un poco superado por la situación, pero el maldito nudo del estomago se ha deshecho al comprobar que A. ha recuperado la alegría.
Así es la vida. Una sucesión de estados de ánimo. Ahora arriba, dentro de un segundo abajo.
03 septiembre 2007
Quien pudiera ser Richard Ashcroft
31 agosto 2007
Filosofía barata, colonias y un viaje a New York
-La vida son momentos y no tener cuatro o cinco euros más en el bolsillo-, dijo el filósofo de tres al cuarto que llevo dentro. Sería el efecto de las tres 'colonias' (alguien me dijo que la ginebra sabía a a colonia y yo quise probarlo...) que me había tomado o que la compañía -jqn y V- era más que agradable o que era una noche sin agobios y sin malos humos (las fiestas de los pueblos dejan vacíos los bares de la ciudad)... pero aquella frase me salió del corazón. Lo pensaba entonces y lo sigo pensando ahora, 48 horas después. Al oir aquella afirmación jqn me miró extrañado y dijo: -Tienes razón-.
Suele pasar en las noches tranquilas de verano, con el alcohol justo y la consecuente exaltación de la amistad. Las palabras fluyen con rapidez y los recuerdos se agolpan en la cabeza. Alguien cita el nombre de una mujer y entonces vuelve a tomar cuerpo aquella historia, cuando jqn se acercó a esa morena que destacaba entre la multitud. La táctica, por una vez, fue la correcta, sencilla pero con un punto de originalidad. Fingió ser un relaciones públicas del local y simuló que estaba haciendo una encuesta entre las personas allí presentes... No sé muy bien como lo hizo, pero consiguió su número de teléfono.
Con la morena tuvo una relación corta, pero supongo que intensa...Recuerdo otra noche en la que para que jqn pudiera hablar tranquilamente con ella tuve yo que "ocuparme" de su amiga. Hablaba tanto que a los diez minutos ya sólo asentía con la cabeza mientras mi mente viajaba en otra dirección. Cuando comprobé que jqn tenía el asunto controlado, le dije a la amiga-parlona:
-Se está haciendo tarde-
-¿Te vas a ir ya?-
-¡Pues sí!- Fue una respuesta contundente y ella me lanzó una mirada desafiante. Demasiado bla, bla, bla...
En fin, que jqn y la morena tontearon durante unas semanas hasta que ella se fue a vivir a Nueva York.
La otra noche volvió a surgir el nombre de la morena, jqn suspiró y yo, utópico como siempre, le dije:
-Vete a Nueva York un fin de semana. Quedas con ella y disfrutas del momento-
-Es que no estoy para muchos gastos ahora mismo- contestó él.
Y fue entonces cuando solté mi frase de filosofía barata.
Al llegar a casa recordé una canción de Ryan Adams, busqué el mp3, pero resulta que no lo tenía en casa. Pensaba completar aquella noche divertida y sencilla escuchando ese tema y me quedé con las ganas. Hoy, por fin, puedo escucharlo y disfrutar de ese momento, aunque con retraso claro.
DEDICADO A JQN
25 agosto 2007
Bla, bla, bla...
17 agosto 2007
Historias de un globero II: El pinchazo
Se produce por sorpresa, aunque en ocasiones se intuye su inminente llegada. Puede provocarlo una piedra, un clavo, un cristal o un simple cardo… Sea como sea, cuando el aire se va no queda más remedio que detenerse, echarse a un lado y reparar el dichoso pinchazo.
El de ayer fue de los esperados, de los que dependen en gran medida de la suerte. Quedaban 200 metros para salir de esa pista repleta de piedras en la que costaba mantener la verticalidad y apenas un par de segundos antes por mi cabeza había pasado un mensaje optimista: “Ya no queda nada. Si salgo de este tramo sin pinchar, podré disfrutar de lo que queda de bajada”. Entonces, la rueda trasera pasó por encima de la enésima piedra, y en vez de absorber el impacto, el filo cortante del maldito canto se hizo hueco entre los tacos de la cubierta y acabó por provocar lo que los ciclistas llamamos ‘mordisco’, un pinchazo doble que más parece causado por un par de colmillos que por un simple pedrusco.
Cuando frené en medio de aquella riada de piedras sueltas me dio por sonreír. A la vuelta de la siguiente curva, aquel maldito camino se transformaba en una pista forestal asfaltada durante el pasado invierno para facilitar el transporte de troncos y los pedruscos desaparecían por completo. Caminé hasta ese cruce con la bici al hombro por miedo a pinchar también la rueda delantera y allí, ‘a la sombra de los pinos’ reparé el pinchazo.
Me lo tomé con calma, a J. (mi acompañante en esa ruta) le dio tiempo a alcanzarme, a detenerse junto a mí y a comer tranquilamente su arsenal de barritas energéticas. Mientras él recuperaba fuerzas, yo me desesperaba dando aire a la rueda con una pequeña bomba.
De nuevo sobre la bici, la espectacular bajada que me quedaba por delante se convirtió casi en un trámite. No la disfruté como debía ante la posibilidad de un nuevo pinchazo y cuando quise reaccionar, ya se había terminado…
13 agosto 2007
Anécdota masiva
Cuando pude juntar un par de neuronas, lo primero que me vino a la cabeza fue que se había producido un terremoto en algún lugar más o menos lejano y que su onda expansiva había pasado por debajo de mi edificio. En ese momento, entró mi madre en mi cuarto:
- ¿Jc77 no has notado que la cama se movía?
-Sí, de hecho me he levantado corriendo de la cama…
- ¿Qué habrá sido?
- Imagino que la onda expansiva de algún terremoto.
- ¡Qué raro!
Mi madre no debió quedarse muy convencida con mi explicación, porque rápidamente inició una ronda de llamadas a familiares y amigos para preguntarles si habían sentido el temblor. Mientras tanto, yo encendí la radio y casi al instante la locutora dijo:
-Nos acaban de confirmar que el epicentro del terremoto se ha situado en la provincia de Ciudad Real (a unos 350 kilómetros de mi casa) y que su magnitud es 4,7 (después se confirmaría que era de 5,1) en la Escala de Richter.
Al oírlo volví a incorporarme de la cama con intención de ir a contárselo a mi madre pero ella entró en la habitación antes de que yo pudiera dar el primer paso:
- Me ha dicho una vecina que acaba de oír en la radio que ha sido un terremoto.
Pues sí, había sido un terremoto. Ya tengo una anécdota más que contar…lástima que tenga que compartirla con otros varios cientos de miles de ciudadanos.
07 agosto 2007
'Lucha de gigantes'
Hace no mucho tiempo me presente a unas oposiciones para un puesto de periodista en una institución pública de mi ciudad. La gente me lo advirtió desde el principio: “No pierdas el tiempo, esa plaza está dada y la oposición es un mero trámite”. Sin embargo, pese a todo, decidí que iba a intentarlo. Era una buena oportunidad de volver a trabajar ‘de lo mío’, de iniciar el camino hacia la tan deseada estabilidad laboral… ¡Qué ingenuo!
Pasé el primer examen, un test sobre leyes y normativas varias, y aunque no había obtenido una gran nota, lo cierto es que estaba cerca, mantenía opciones. Hubo una segunda prueba, mucho más práctica y específica, y de repente me situé en tercera posición, a muy poca distancia del segundo, pero a una diferencia insalvable de la primera clasificada… La fase de concurso de méritos final fue un simple trámite, la plaza ya estaba dada. Y para certificarlo aún más, si cabe, los miembros del tribunal se inventaron un criterio de valoración que no venía en la convocatoria: sólo serían tenidos en cuenta los contratos en los que se fijara específicamente que se había trabajado como periodista y se desecharían todos aquellos en los figurara como categoría: redactor, ayudante de redactor, locutor, presentador… es decir, lo mismo pero con otro nombre. Así, todos los que como yo debíamos alcanzar el máximo de puntos nos quedamos a un distancia abismal de la única persona que parece ser que había trabajado como periodista…
Como uno ya venía avisado, la decepción fue pasajera. Apenas un momento de cabreo y un par de días de la típica resignación. Contra estos ‘gigantes’ no se puede luchar.
Pero como decía el principio, aquí uno acaba enterándose de todo. Y no hablo de los rumores que indicaban que ‘la ganadora’ mantenía relaciones más que íntimas con el máximo representante de dicha institución, ni de los que insistían en que llevaba preparando la oposición desde mucho antes de que fuera convocada…no. Hablo de unas palabras que se escaparon de la boca de uno de los miembros del tribunal ante una persona que me conoce: “El mejor examen práctico de largo fue el de un tal … (jc77), pero no pudimos hacer nada. Si no llega a estar la otra persona la plaza habría sido para él”. Ayer me lo contaron, me quedé perplejo, y una vez más, como dice el gran Antonio Vega, el aire volvió a convertirse en gas natural.
Antonio Vega - Lucha de gigantes
02 agosto 2007
¿Crees en la felicidad completa?
Ella está en el horizonte.
Me acerco dos pasos y ella se aleja dos pasos.
Camino diez pasos y el horizonte se corre dos pasos más allá.
Por mucho que yo camine, nunca la alcanzaré.
¿Para qué sirve la utopía?
Para eso sirve: para caminar
(EDUARDO GALEANO)
Para Tamaruca
'A brand new world' - Sexy Sadie
31 julio 2007
Historias de un globero I
Será el ‘efecto Contador’ o que este verano tengo más fuerza de voluntad. Será que tengo más tiempo libre y más kilómetros de entrenamiento o que como dicen algunos me estoy volviendo un poco loco. Sea lo que sea, lo cierto es que ayer me planteé un nuevo reto en mi “carrera ciclista”: la subida al Puerto de Cotos por el llamado camino viejo de El Paular. Una ruta inédita para mí que llevaba años teniendo en la cabeza, pero para la que siempre encontraba alguna excusa.
Salí de casa con la determinación de reservar fuerzas, de pedalear con calma y de acercarme al inicio de la subida con buenas sensaciones…ayy, las sensaciones, no se sabe ni que forma tienen, pero sí que son determinantes para saber si te tocará sufrir o disfrutar durante la ruta ciclista.
Y comencé a buscar esas sensaciones, las buenas por supuesto, en los tres kilómetros que separan mi casa del inicio del carril bici que me lleva hasta la localidad de La Granja. No me gusta pedalear por la ciudad y menos cuando tienes que hacerlo en subida. Los coches, que te ven como a un estorbo, te pasan rozando, y los peatones, que cruzan de oídas, se tiran a la calzada sin intuir tu sigiloso avance… Y tú, que acabas de salir de casa y que ya vas resoplando por la repentina subida, haces además un esfuerzo extra para esquivar coches aparcados, puertas que se abren de forma repentina, trazar rotondas imposibles e intentar tragar la menor cantidad de humo posible.
Antes de despedirme de la ciudad pasa lo inevitable. Un coche se salta un ceda el paso y de repente ve que estoy casi encima y se para en seco. Mientras pego un frenazo y giro para esquivarle, una señora me grita por la ventanilla:
-¡¡Dónde vas!!
-¡¡Dónde vas tú, que te has saltado un ceda el paso!!- contesto lleno de rabia. (Otro día hablaré de mis enfrentamientos con los conductores, hoy de momento lo dejo aquí)
Alcanzo por fin el carril bici y me separo ligeramente de los coches. Esquivo unos cuantos peatones que ignoran la señal que les prohíbe caminar por esa vía y con las piernas cargadas de buenas sensaciones avanzo a buen paso hacia la Sierra de Guadarrama. Atravieso La Granja, Valsaín y me acerco por carretera hasta el pie del puerto de Navacerrada.
Antes de iniciar la subida, decido comer un poco. Llevo 20 kilómetros y aunque no tengo hambre creo que me sentará bien un trocito de fruta antes de empezar lo duro. Encaro la primera rampa, una de las más duras del popular puerto segoviano, y aunque las piernas se resienten por culpa de la pendiente, lo que me preocupa es que el fuerte calor me hace ir un poco más sofocado de lo normal y eso provoca que el corazón tienda a latir con mayor velocidad. Por fortuna, este tramo finaliza en poco más de 500 metros, justo al llegar al inicio de las ‘7 revueltas’. Allí, abandono la carretera y cojo una pista forestal que se adentra en el pinar.
Al separarme definitivamente de la circulación siento un cierto alivio. Esta circunstancia unida a una disminución considerable de la pendiente me reanima y me invita a ser optimista para afrontar lo que aún me queda. Todavía circulo por una zona conocida y sé que antes de iniciar la subida a Cotos tengo que superar un corto y duro repecho en el que debo intentar no desgastarme demasiado.
Aprovecho este tramo para disfrutar del aire limpio, del peculiar olor de la sierra y del considerable descenso de temperatura que provoca la abundante vegetación. Con estas condiciones tan favorables, supero el repecho con cierta soltura y giro a la izquierda para adentrarme en el camino viejo de El Paular. El asfalto desaparece por completo y es sustituido por una pista de tierra salpicada de numerosas piedras, ramas y raíces. Va a ser duro…
Y no me equivoco. Los cuatro kilómetros de ascensión son una verdadera prueba de resistencia. Hay que pedalear la mayor parte del tiempo sentado porque la bicicleta derrapa constantemente y la pendiente alcanza por momentos porcentajes considerables. A mitad de subida, ya me he quitado las gafas de sol y llevo el casco desabrochado. Hace mucho calor y me sudan hasta las manos…
Después de una pequeña curva a la izquierda me encuentro con que el camino está completamente encharcado. Hago un último esfuerzo y cuando pierdo por completo la tracción pongo pie a tierra. Me tocará empujar la bici durante cerca de 300 metros para salvar esa zona impracticable.
Para un ciclista, bajarse de la bici en una subida es una derrota, pero no es el caso, aquí son las malas condiciones de la pista las que obligan. Además, ese pequeño parón me sirve para recuperar un poco las fuerzas y afrontar el último kilómetro con garantías. La pista ya no tiene agua, pero se ha transformado en un estrecho sendero lleno de raíces que obligan a un esfuerzo extra para sortearlas o saltarlas.
Cuando alzo la vista y veo la cima, suelto un expresivo: ¡¡Vamos!! Ya estoy arriba. “La tortura” ha terminado. Alcanzo la carretera que corona el puerto y siento un tremendo alivio. Lo he conseguido. Tengo hasta la carne de gallina y un nudo en la garganta… Quizá puedo decir hasta que me siento feliz. Ahora sólo me queda disfrutar de la bajada por carretera y regresar a casa con el depósito de la autoestima repleto. Cuando me baje de la bici, el cuentakilómetros indicará algo más de 62 kilómetros y casi tres horas de recorrido… Ha merecido la pena.
26 julio 2007
Is this the best it gets?
Pero lo peor es que a estas alturas no sé todavía a que quiero dedicarme. Tengo un currículum salpicado de títulos varios y experiencias diversas. Un poco de todo, mucho de nada. Mucha pelea, pocos resultados. Pienso que me vendría bien un cambio radical, dejar mi soporífero trabajo actual y buscar nuevas motivaciones. Sin embargo, mis circunstancias personales no favorecen el cambio aunque, por otro lado, pienso que si no doy un giro a mi vida laboral, todas esas otras cosas que ahora gozan de cierta estabilidad se verán afectadas.
Y en estos días en los que no me apetece mucho hablar me refugio en el reproductor de mp3 y me engancho a la música. Suena Budapest, cierro los ojos y pienso que la felicidad es algo muy efímero.
Is this the best it gets, Before I'm laid to rest?
23 julio 2007
Recuerdos y casualidades
Y fruto de una de esas casualidades, hace unos días me cruce con una de esas personas con las que compartí los buenos y malos momentos del que considero uno de los mejores años de mi vida. Y al verla recordé que ella ya me lo advirtió cuando nos despedimos: “Me da mucha pena que el curso se acabe, porque puede que sea la última vez que nos veamos”. Y lo cierto es que no iba desencaminada…
Con L. compartí piso, preocupaciones académicas, revueltas sentimentales, sonrisas e incluso lágrimas y, especialmente, un cariño y un respeto mutuo fuera de lo común. Nos demostramos que un hombre y una mujer pueden ser sólo AMIGOS.
Sé que ella sabe lo mucho que la aprecio, pero lo que quizá no se imagina es lo mucho que echo de menos aquellos momentos en los que cualquier excusa era buena para reírnos hasta de nuestra propia sombra. El otro día, cuando nos cruzamos, ella tenía prisa y yo estaba cabreado. Un abrazo, un resumen rápido de la vida de cada uno y otra vez la misma despedida. Así es la vida, dicen, pero yo confío en que la próxima vez que nos veamos no sea por casualidad.
A mi murciana favorita.
Y ya que hablamos de Murcia... Second
18 julio 2007
Diez meses después...
Me apetece volver a hablar con libertad de lo que me preocupa, me ilusiona, me asusta, me apasiona, me enriquece, me entristece. Como le dije hace poco a un amigo, "cree el blog porque necesitaba decir cosas que sentía y que son difíciles de explicar y de entender, en fin, porque necesitaba desahogarme..." Y sigo necesitándolo.
"La vida moderna es nuestra condena
Las prisas, las penas y los pisos de 30..."
11 septiembre 2006
'Y sin embargo llovía'
Y mientras miraba con asombro un fenómeno metorológico que hace tiempo que no se pasaba por aquí, he recordado la frase que da título a este post. La pronunciaba incansablemente un profesor de Redacción Periodística que trató, infructuosamente, de enseñarme la importancia de la piramide invertida, las ventajas de las 5 W´s y otra serie de milongas periodísticas. Y la utilizaba para criticar esa tendencia de engordar las noticias con descripciones que sólo sirven para rellenar líneas de periódicos... En esto, razón si que tenía, la verdad.
Y al pensar en las labores periodísticas, me ha venido a la mente un plumilla de los de verdad: Faro, pero por algo que nada tiene que ver con esa profesión. Dice que deja el equipo de fútbol, que empieza una nueva fase de su vida y que ya no encuentra motivación para desplazarse desde su ciudad hasta la mía para darle pataditas al balón... Y he sentido que con esa decisión, posiblemente, nuestras ocasiones para volver a cruzar palabras, miradas y risas en el futuro serán escasas... Es ley de vida. El tiempo pasa y la distancia ejecuta su labor sin piedad. Sumar tiempo y distancia sólo dan como resultado el distanciamiento. Lo sé por experiencia. Y aunque trate de remediarlo, volverá a suceder.
Y con el tiempo, de Faro me quedará poco más que su blog, algunos sms esporádicos y pocas -muy pocas- llamadas telefónicas. Será que, como tu dices, soy un sensiblón, pero amigo Faro, joder, te voy a echar de menos.
Al poco, la lluvia ha dejado de caer, la calle se ha vuelto a llenar de gente y mi cabeza de leyes...
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Aquí dejo un par de fotos (hechas con el móvil) del concierto de Sexy Sadie del viernes en el Parque de Canillejas de Madrid. Fue breve, pero intenso...